domingo, 27 de marzo de 2011

Me acuerdo el día en el que yo me quejaba diciéndole a mi padre que no me gustaba a mí misma, no me gustaba mi pelo, no me gustaba como me vestía, no me gustaba mi forma de ser. Mi padre me miró indignado y me dijo:
- Hija no seas ingrata, no seas así, mira a tu alrededor, tantas personas que no pueden ver, tantas personas que no pueden oír, tantas personas sin miembros del cuerpo humano, sin familia, tantas personas con problemas, y tú quejándote de tu pelo? hija mía, eres ''perfecta'', no repitas eso, nunca más.
Yo agaché la cabeza en señal de respeto y vergüenza y le dije:
- Perdón papá.


G.





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